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La apuesta de Colombia por el petróleo podría terminar en un desastre

El último colapso del precio del petróleo, junto con las considerables repercusiones económicas de la pandemia del coronavirus, ha golpeado la frágil economía de Colombia. A medida que el país latinoamericano, desgarrado por los conflictos, salía de décadas de conflicto civil y evitaba por poco convertirse en un Estado fallido, vinculó el futuro desarrollo y el crecimiento económico al petróleo. Si bien el petróleo fue el responsable del considerable desarrollo y crecimiento económico de Colombia en el último decenio, esa dependencia ha hecho que el país sea sumamente vulnerable no sólo a la fuerte disminución de los precios sino también al riesgo de quedarse sin crudo. Cuando eso ocurra, como lo demuestra el grave impacto del último colapso del precio del petróleo en la economía de Colombia, empujará a la nación andina a una profunda crisis fiscal.


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En el momento culminante del último auge del petróleo en 2013, Colombia estaba experimentando tasas extraordinarias de crecimiento económico. En 2011, el PIB de Colombia se expandió en un impresionante 7% año tras año, seguido por un 3,9% en 2012 y un 5,1% en 2013. Esta tasa de crecimiento estelar fue mucho más alta que la de muchos de los vecinos de Colombia y provocó un considerable optimismo que dio a la nación desgarrada por los conflictos una esperanza considerable de poder escapar de su violento pasado.

Para 2013, la producción de petróleo alcanzó un máximo histórico de poco más de un millón de barriles diarios, la inversión en la zona petrolífera de Colombia estaba en auge y muchos dentro del gobierno y la industria petrolífera creían que era sólo cuestión de tiempo hasta el próximo gran descubrimiento de petróleo.

Según datos de la agencia estadística colombiana DANE, el crudo se convirtió en la exportación más valiosa del país durante el año 2013, representando el 54% de los ingresos de exportación y una quinta parte de los ingresos del gobierno.


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Como resultado, la fortuna económica de Colombia, los ingresos fiscales y su moneda, el peso, se entrelazaron estrechamente con el precio del petróleo. Esto hizo que la economía de la nación andina fuera muy vulnerable a los precios más bajos del petróleo.

La carnicería que causó en la economía colombiana el último derrumbe del precio del petróleo pone de relieve la considerable vulnerabilidad económica creada por esta dependencia excesiva del crudo. Para mayo de 2020, la producción de petróleo de la nación sudamericana había caído a un promedio de 732.120 barriles diarios, lo que representaba un 18% menos año tras año y el nivel más bajo en más de una década.

En consecuencia, los ingresos fiscales han disminuido drásticamente, lo que ha tenido un fuerte impacto material en el gasto público. Se estima que cada disminución de un dólar en el precio del Brent hace que los ingresos del gobierno colombiano disminuyan en 200 millones de dólares. El último colapso del precio del petróleo, en el que el Brent se cotiza a unos 43 dólares por barril, hizo que los ingresos del gobierno se deterioraran considerablemente.


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Incluso después de recortar el gasto, se espera que el déficit presupuestario de Colombia se dispare hasta el 6,1% del PIB o incluso más, creando potencialmente el peor déficit registrado. Esto dificultará aún más la capacidad de la administración Duque de proveer bienes públicos básicos en un país donde los sucesivos gobiernos han fallado en el cumplimiento de su contrato social. La situación es tan grave que el órgano asesor fiscal de Colombia ha suspendido los límites del déficit presupuestario hasta 2022.

Se prevé que un petróleo sustancialmente más débil, junto con las consecuencias económicas de la pandemia COVID-19, hará que la economía de Colombia se contraiga bruscamente durante el año 2020. El FMI estima que el PIB de 2020 se reducirá en casi un 8%, el peor desempeño de la economía registrado.

Esos acontecimientos ponen de relieve la considerable dependencia económica de Colombia de la extracción de petróleo, lo que la hace particularmente vulnerable a los precios más bajos del petróleo. Imagínese las consecuencias para la economía y el desarrollo futuro de Colombia si el cuarto mayor productor de petróleo de América Latina agotara sus ya muy limitadas reservas de petróleo.


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A finales de 2019, las reservas probadas de petróleo de la nación andina ascendían a sólo dos mil millones de barriles, sustancialmente por debajo de los volúmenes de otras grandes naciones productoras de petróleo. De manera alarmante, las reservas de Colombia sólo tienen una vida de producción estimada de 6,3 años, lo que indica que expirarán antes del final de la década. Cuando esto se suma a la considerable dependencia económica de Colombia del crudo, se pone de relieve la urgencia con que el país necesita ampliar esas reservas para evitar una catástrofe económica.

Si bien los dirigentes políticos de Colombia reconocen los peligros, ya que el presidente Duque en 2018 declaró que Colombia necesita añadir dos mil millones de barriles a sus reservas de petróleo, en los últimos años no se han hecho descubrimientos importantes de petróleo. El fuerte debilitamiento de los precios del petróleo y la pandemia de COVID-19 obligaron a los productores de petróleo de Colombia a recortar los presupuestos de capital para 2020, suspender las operaciones no esenciales y cerrar la producción antieconómica.


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Como resultado, la inversión petrolera en Colombia caerá por debajo de los 4.000 millones de dólares, una cifra significativamente inferior a la necesaria para aumentar las reservas y la producción de petróleo. La mayor parte de ese capital se destinará a actividades de mantenimiento y desarrollo en lugar de a la exploración. Por consiguiente, la exploración de hidrocarburos en Colombia se detendrá esencialmente, lo que no augura nada bueno para cualquier descubrimiento de petróleo que se necesite en 2020. Esto es evidente en el recuento de plataformas de perforación en Colombia, donde a finales de mayo de 2020 sólo había una única plataforma operativa, aunque ésta aumentó a cinco a finales de junio.

Esas circunstancias no auguran nada bueno para los grandes descubrimientos de petróleo que se necesitan para evitar la catástrofe económica que se avecina en Colombia. A pesar de que muchos dentro del gobierno y la industria petrolera de Colombia señalan el tremendo potencial petrolero de la nación, no se han registrado grandes huelgas de petróleo en la nación latinoamericana desde los años noventa. El presidente Duque depositó sus esperanzas en el petróleo no convencional, que catapultó a EE.UU. por delante de Arabia Saudita para convertirse en la principal nación productora de petróleo del mundo. Sin embargo, esas ambiciones se están viendo frustradas por la disidencia pública y las preocupaciones sobre si se puede llevar a cabo de forma segura. También persisten dudas sobre si Colombia comparte la geología rica en hidrocarburos de sus vecinos y si la fracturación tiene realmente el potencial de proporcionar el tan cacareado aumento de las reservas de petróleo.


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La escasez de grandes descubrimientos de hidrocarburos en Colombia desde finales de los 90 indica que la nación sudamericana carece del potencial petrolífero de sus vecinos inmediatos Venezuela y Brasil. Colombia puede producir petróleo, pero no es una nación productora de petróleo. Esto, junto con la disminución de las reservas de petróleo y el deterioro de la producción a pesar de los importantes esfuerzos de exploración e incentivos del gobierno, indica que el apogeo del parche petrolero de Colombia ha terminado. Bogotá necesita reducir significativamente la dependencia de la economía de la extracción de petróleo y diversificarse en otras industrias antes de que Colombia sufra una catástrofe económica.

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