2020 06

Colombia es una víctima olvidada de la guerra del precio del petróleo

El considerable optimismo que rodea al petróleo a finales de 2019, cuando el Brent se cotizaba a 68 dólares el barril, se ha vuelto amargo. La conmoción de la demanda provocada por el coronavirus y la posterior guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia, que amenazó con ampliar sustancialmente la oferta mundial, hizo que los precios del petróleo se desplomaran. El precio internacional del Brent se desplomó a niveles no vistos en más de dos décadas.


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El último repunte, en el que el Brent subió a poco más de 40 dólares por barril, ha supuesto un escaso alivio para los productores de petróleo colombianos. Ese precio está por debajo del precio de equilibrio para muchos perforadores colombianos, impactando su rentabilidad y obligándolos a reducir el gasto. Esto ha instigado una considerable caída de la industria petrolera colombiana y, en última instancia, de la economía.

La nación latinoamericana, cuarto productor de petróleo de la región, apostó su futuro económico al petróleo con una inversión y producción crecientes, ya que el petróleo proporciona una quinta parte de los ingresos fiscales antes del colapso del precio del petróleo en 2014. Los últimos acontecimientos han desencadenado una crisis económica de proporciones sin precedentes para Colombia. La prolongada caída del petróleo está causando que la tan necesaria inversión extranjera en el parche petrolero de la nación se agote, afectando significativamente la exploración y la producción.


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En enero de 2020, la Asociación Colombiana de Petróleo (ACP), el máximo organismo industrial de Colombia, estimó que la inversión anual en petróleo se incrementaría en un 23% año tras año hasta poco menos de 5.000 millones de dólares. Esto dependía de que el Brent se comercializara a más de 60 dólares por barril durante el año. El último colapso del precio del petróleo junto con la pandemia del coronavirus, vio un considerable ajuste de cinturón entre las compañías petroleras colombianas. Se estima que la tan necesaria inversión en la industria petrolera caerá en más de 1.000 millones de dólares con respecto a la estimación original de la ACP, lo que provocará serios desafíos para la petroeconomía colombiana. Un acontecimiento especialmente preocupante es que compañías petroleras como Frontera Energy, el mayor productor privado de petróleo de Colombia, Parex Resources y Gran Tierra Energy han reducido drásticamente sus gastos. Esto es en respuesta al difícil entorno operativo creado por la última caída de los precios del petróleo que les obliga a proteger los balances y el flujo de caja.

Frontera anunció que había reducido su presupuesto de capital original para el año 2020 de 245 millones de dólares a 275 millones de dólares para caer entre 80 y 100 millones de dólares. En consecuencia, Frontera cerró aproximadamente 15.000 barriles de producción diaria, lo que hizo que la producción de petróleo del primer trimestre de 2020 se suavizara en un 6% año tras año hasta alcanzar un promedio diario de 63.572 barriles. Esto tendrá un impacto sustancial en la producción de petróleo y en los ingresos fiscales de Colombia, ya que Frontera fue responsable de alrededor del 8% de la producción de petróleo de la nación andina en 2019.


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Otras empresas petroleras privadas en Colombia han tomado medidas similares. Parex redujo sus gastos de capital presupuestados para 2020 a más de la mitad y suspendió la perforación. Gran Tierra, el mayor terrateniente en el sur de la cuenca del Putumayo, redujo sus gastos de capital en casi dos tercios, sacando 7.000 barriles diarios de producción de petróleo de la red.

El mayor productor de petróleo de Colombia, Ecopetrol, controlado por el gobierno, ha recortado hasta 2.500 millones de dólares de su presupuesto original para 2020. Esto causará que la producción de petróleo caiga en picada, ya que Ecopetrol pronostica para el 2020 una producción diaria promedio de 660.000 a 710.000 barriles, lo que es entre un 5% y un 12% menor que su orientación original.

En consecuencia, la actividad de perforación en Colombia casi se ha detenido. Según los datos de Baker Hughes, a finales de mayo sólo una plataforma estaba operativa, en comparación con las 25 plataformas del año anterior, lo que provocó una caída de la producción de petróleo. La producción diaria promedio de petróleo de Colombia en mayo de 2020 cayó un preocupante 18% año tras año a 732.120 barriles y fue un 8% menor que los 796.164 barriles diarios de abril.

El gobierno colombiano cree que la producción diaria promedio del año 2020 estará entre 750.000 y 850.000 barriles. Basándose en las cifras publicadas por los perforadores que operan en Colombia, la producción anual de 2020 probablemente estará hacia el extremo inferior de ese rango. La producción de petróleo seguirá siendo limitada hasta 2021 mientras el Brent se comercialice por debajo de 42 a 45 dólares por barril, el precio de equilibrio estimado para la mayoría de los perforadores. Es probable que la EIA prediga que el Brent alcanzará un promedio de 48 dólares por barril en 2021. Esto, junto con la necesidad de los perforadores de proteger los balances y los flujos de caja, después de un desastroso 2019, hará que los gastos de exploración y desarrollo se mantengan bajos.


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La mezcla de precios del petróleo marcadamente más débiles, la pandemia de COVID-19 y la disminución de la producción de petróleo está pesando mucho en la economía colombiana dependiente del petróleo. En abril de 2020, el crudo era responsable del 30% del valor de las exportaciones totales de Colombia, lo que pone de relieve su importancia económica. El peso colombiano se desplomó frente a las principales monedas cuando el precio del petróleo se desplomó.

Esto tendrá un fuerte impacto en la economía de Colombia. El FMI cree que el PIB de 2020 se contraerá en un 2,4%, pero podría llegar a ser de hasta un 7%, lo que sería el peor rendimiento registrado. Se espera que los ingresos fiscales del gobierno disminuyan en un 10%, o posiblemente más, lo que llevará a un angustioso déficit presupuestario de hasta el 6,1%, incluso después de hacer importantes recortes de gastos y recibir préstamos internacionales. Estos eventos han despertado un sentido de urgencia en Bogotá, ya que la administración del Presidente Duque busca proteger la económicamente crucial industria petrolera. Esto hace que el gobierno considere la posibilidad de proporcionar un alivio de las regalías y otros impuestos, así como los costos asociados con la utilización de los oleoductos.


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No obstante, la disminución de la producción de petróleo de Colombia ayudará a aliviar el exceso de suministro mundial que existe desde 2015, lo que contribuirá a estabilizar los precios. No obstante, existe una presión considerable sobre Bogotá para que impulse la exploración y la producción de petróleo a medida que los ingresos fiscales disminuyen y el crecimiento económico se reduce.

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