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Colombia ¿Cómo vamos?: El empoderamiento político y económico de las mujeres

El conflicto armado interno de Colombia, que duró 50 años, dejó más de ocho millones de víctimas, de las cuales el 49,7 por ciento son mujeres. Desplazamiento, homicidio, femicidio, amenazas violentas, desapariciones forzadas y violencia sexual son sólo algunos ejemplos de los actos victimarios que han sufrido más de 4 millones de mujeres colombianas durante el conflicto.

El acuerdo de paz de 2016 con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) -considerado uno de los más innovadores e inclusivos del mundo- pone a las mujeres y la igualdad de género al frente de la implementación de la paz. Sin embargo, los estudios muestran que las mujeres participan menos en los mecanismos de participación para la aplicación de la paz (por ejemplo, las reuniones comunitarias) en comparación con los hombres.

En el marco del acuerdo de paz, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) están concebidos para incluir a la sociedad civil en los procesos de adopción de decisiones relacionados con el desarrollo rural. Por decreto, los PDET deben tener un fuerte componente de género que reconozca las necesidades particulares de las mujeres de las zonas rurales de Colombia. Sin embargo, en enero de 2018, las mujeres representaban sólo el 38% del total de asistentes a las más de cuatrocientas reuniones comunitarias.

En Colombia siguen existiendo otras brechas significativas entre hombres y mujeres. Según el Informe sobre la Brecha Global de Género 2020 del Foro Económico Mundial, que hace un seguimiento de las brechas basadas en el género a lo largo de dimensiones específicas (salud, educación, economía y política), el país ocupa el vigésimo segundo lugar entre 153 países y el tercero en América Latina en cuanto a igualdad de género, habiendo cerrado el 75,8 por ciento de su brecha de género. El promedio mundial se sitúa en un 68,6 por ciento.

La aparentemente alta puntuación de Colombia refleja el éxito del país en la reducción de los logros educativos y las diferencias de género en materia de salud y supervivencia, que se cierran en un 100 por ciento y un 98 por ciento, respectivamente. Sin embargo, las diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a participación y oportunidades económicas (una brecha restante del 26,5%) y en cuanto a empoderamiento político (una brecha del 68,2%) siguen siendo significativas.

En Colombia, el 62,9 por ciento de las mujeres de entre 15 y 64 años de edad participan en el mercado laboral. En el caso de los hombres del mismo grupo de edad, el porcentaje es mayor: 85,1 por ciento. La cantidad de trabajo no remunerado, el acceso a las oportunidades laborales y las diferencias salariales entre los géneros (la relación entre el salario de una mujer y el de un hombre en una posición similar), entre otros factores, explican la participación laboral relativamente baja de las mujeres colombianas.

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Las mujeres realizan 3,86 veces más trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los hombres en Colombia, destinando el 17,54 por ciento de su día a dichas actividades, mientras que los hombres destinan el 4,54 por ciento. Las mujeres de quince a sesenta y cuatro años de edad tienen 1,7 veces más probabilidades de enfrentarse al desempleo en comparación con los hombres, con tasas de desempleo del 13,2 por ciento para las mujeres y del 7,6 por ciento para los hombres. Entre la población joven (de quince a veinticuatro años), las tasas de desempleo son más altas para ambos géneros, con un 25,6 por ciento para las mujeres y un 15,4 por ciento para los hombres, y muestran una brecha de desempleo similar de 1,6. Curiosamente, el nivel de educación de una mujer (básico, intermedio o avanzado) no parece alterar significativamente sus perspectivas de empleo. En igualdad de condiciones, una mujer tiene entre 1,4 y 1,7 veces más probabilidades de estar desempleada que un hombre. En Colombia, la brecha salarial se sitúa en el 5,8%.

Cabe destacar que Colombia ha logrado la paridad entre los géneros en los puestos directivos, ya que entre el 54,2 y el 57,0 por ciento de los cargos directivos están ocupados por mujeres. Sin embargo, la presencia femenina en los consejos de administración de las empresas que cotizan en bolsa sigue siendo limitada: sólo el 13,5 por ciento de los puestos de los consejos de administración pertenecen a mujeres. Otros miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) tienen un porcentaje ligeramente más alto pero aún bajo de mujeres en los consejos de administración de las empresas: 22,3%. La proporción de mujeres inversoras en Colombia creció significativamente entre 2010 y 2017, de 11,1 por ciento a 25,5 por ciento. Sin embargo, la proporción todavía tiene que duplicarse para lograr la paridad.

En cuanto a la presencia y participación de las mujeres en la política, Colombia todavía tiene un largo camino por delante. La Ley 581 de 2000 o “Ley de Cuotas“, que estipula que las mujeres deben ocupar el 30 por ciento de los cargos de alto nivel en todas las ramas del poder público (ejecutivo, legislativo y judicial), y la Ley 1475 de 2011 o “Ley de Partidos“, que establece una cuota del 30 por ciento para las mujeres en las listas electorales, han contribuido al aumento de la participación política de las mujeres en las últimas dos décadas. Aunque importante, este aumento sigue siendo insuficiente, especialmente después del desempeño de las candidatas en las elecciones regionales de octubre de 2019.

Las elecciones regionales de Colombia en 2019 mostraron un retroceso en el empoderamiento político de las mujeres. Sólo dos mujeres fueron elegidas gobernadoras, Clara Luz Roldán (Valle del Cauca) y Elsa Noguera (Atlántico), tres menos que las elegidas en 2015. Esto significa que, para el período 2020-2023, sólo el 6,25 por ciento de los treinta departamentos serán gobernados por una mujer. El número de mujeres elegidas alcaldesas también disminuyó ligeramente, de 134 en 2015 a 132 en 2019, lo que significa que sólo el 12 por ciento de los 1.101 municipios de Colombia estarán dirigidos por una mujer. Lo más notable es que las capitales Bogotá y Santa Marta eligieron alcaldesas por primera vez en la historia. También cabe destacar el primer gabinete ministerial de Colombia con paridad de género bajo la presidencia de Iván Duque.

El escaso acceso de las mujeres a los puestos políticos en Colombia se explica en parte por el hecho de que hay menos candidatas. Para las gobernaciones, sólo el 12,12 por ciento de los candidatos fueron mujeres y para las alcaldías el 15,2 por ciento. De ellas, el 17,5 por ciento fueron elegidas. Estos números muestran que, a pesar de las leyes de cuotas de Colombia, las mujeres siguen enfrentando importantes barreras a la presencia y participación política.

Los esfuerzos limitados para promover y reconocer el liderazgo de las mujeres, los estereotipos con respecto a las habilidades de liderazgo de las mujeres, el menor acceso a los recursos económicos y la alta carga doméstica de las mujeres representan algunos de los principales obstáculos para la participación de las mujeres en la política. Sí, algunas mujeres han logrado superar esos obstáculos con gran éxito, entre ellas Marta Lucía Ramírez, primera mujer vicepresidenta de Colombia, Claudia López, alcaldesa de Bogotá, y Virna Jonhson, alcaldesa de Santa Marta. Pero el campo de juego debe estar nivelado para todas las mujeres.

Cerrar las brechas de género en el empoderamiento económico y político hará que Colombia avance en su camino hacia el desarrollo sostenible. Una mayor participación femenina en la economía y en la política no sólo impulsará la economía del país (aumentando la productividad, diversificando la economía, reduciendo la desigualdad de los ingresos, aumentando la eficacia organizativa, entre otros), sino que también contribuirá a la adopción de políticas más inclusivas, democráticas y sostenibles. Ha llegado el momento de redoblar los esfuerzos para incluir a más mujeres en las esferas económica y política de Colombia.

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